Cómo es eso
de que te acostumbraste
tanto al dolor
que ya no decís
al mundo
cuánto te duele
lo vas midiendo
en días que no tiemblan
en ríos de sangre que fluyen
donde antes no
Como si midieras
ahora
la extrañeza
de un cuerpo sano
más que la rutinaria estampida
de tus manos
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