Es triste
cuando te das cuenta qué filosa la lengua con la que nos cortamos y al mismo tiempo cuán necesaria era esta herida por la que ahora bebo mi propio fluido esta especie de amargura certera traída por las piedras y los metales del mundo un magma venenoso que también nos purifica. Vos no crees en la violencia pero yo veo en la explosión que destruye el grito de la vida Dijimos pavadas del tamaño de un animal gigante, viejo y roído por la lava Y ahora estamos agotados como si sobre nuestros hombros el aire se volviera denso Es que pesa tanto el miedo que no sabemos cómo nombrarlo y nos quedamos quietos mientras el agua pasa y se lleva escombros, escamas verdes, presupuestos del otro, vencimientos, algo que dijiste sobre lo que alcanza, algo que dije sobre los sacrificios. El agua pasa y no nos movemos mudos, dejamos que el silencio se haga cargo de reunirnos. |
lunes, 7 de enero de 2019
heridos
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