lunes, 7 de enero de 2019

hora


Es la hora
en la que el muchacho de ambo azul
limpia con una franela
los vidrios del edificio
frente a mi casa
Lo miro deslizar la mano
Agacharse
tomar distancia
para ver si hay vetas
para ver si ha quedado rastro
La luz del supermercado chino
entra por mi ventana
como si fuera luna llena
aunque no,
no hay esta noche
luna
sino furiosa Venus
perseguida por Júpiter
allá arriba
Pienso en el silencio de la calle
ahora
cuando antes estuvo esa brillante
algarabía de ciudad:
autos, oficinistas, un perro.
Mientras me entrego
a la anécdota
releo un libro que escribí
y me parecía que hablaba de los astros
pero ya no encuentro márgenes
en los que anotar
lo equivocada que estaba
lo distante que veía
el universo
y creía entenderlo
En realidad
esos versos
eran mi manera de ejercer
la pregunta
la duda plasmada en una voz
sobre esto
que debe permanecer sin escrito
esto
que intento
constantemente:
hablar la lengua de los muertos
tocar una máscara
ser sinfonía de los días
Una forma imperfecta del tiempo,
el sonido de un segundo.

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